Estamos en épocas de cambios. Hemos pasado de las clases llenas de libros a tener ordenadores con conexión a internet y así poder acceder no tan sólo a millones de libros, sino a música, películas, recursos, redes sociales, comunicación, formación, etc. Hemos pasado de una educación generalizada a una educación individualizada. Hemos pasado de aquel profesor que todo lo sabe, a que el profesor es un guía para el autoaprendizaje. Hemos pasado de escuelas hacinadas a unas aulas amplias y luminosas con buen mobiliario. Hemos pasado de reunirnos con los padres una vez al curso (¡como mucho!) a que sean los propios padres los que concierten las citas. Hemos pasado de informar a los padres de la evolución de sus hijos una vez al trimestre a informarles diariamente. Hemos pasado de ser Don y Doñas a ser un profe divertido. Hemos pasado de castigar físicamente a padecer malos tratos físicos y psíquicos. Hemos pasado de unos padres indiferentes ante la educación de sus hijos a.... ¿espera? ¡Esto no ha cambiado! Me explico.

Lo dicho al final del anterior párrafo no es generalizable, pero teniendo como padres de alumnos a personas jóvenes parece mentira que no sepan lo importante que es tener una formación adecuada. En la escuela no sólo se aprende a leer y escribir, las operaciones básicas, que el Pisuerga pasa por Valladolid o que el descubrimiento de América fue en 1492; en la escuela se aprenden, además de muchos conceptos (algunos incluso en otras épocas no se "podían enseñar" hasta no llegado al BUP), a convivir, a ser educado, a trabajar en equipo, a ser respetuoso, a saber expresar los sentimientos adecuadamente, a ser feliz, a hacer deporte, a conocer a otros, a relacionarnos con los demás,... La escuela es mucho más que "el lugar donde se encierra el saber". Escuela somos todos (profesores, alumnos, padres, personal no docente, personas que se dedican a los servicios sociales, el regente de una tienda, el director de un bando y el agricultor que adecenta su viña con esmero.
"Para educar bien a un niño hace falta una buena tribu" decía
José Antonio Marina y es una verdad como un templo.
Lo malo viene cuando alguno de esos componentes que formamos la Comunidad Educativa se
sale de madre. Tenemos, actualmente, una legislación que nos permite elegir centro libremente y si no estás de acuerdo con el ideario del centro, con el profesorado, por cómo se enseña a los niños, etc, tan sencillo como tramitar el cambio de centro y aquí paz y después gloria. Pues parece ser que tampoco. Aquellos progenitores que se
salen de madre nada más quieren llamar la atención. Un docente, en pleno uso de sus facultades pedagógicas puede ser vilipendiado públicamente por un padre para así proteger a su hijo del castigo impuesto por el profesor. ¿Qué significado conlleva esta acción primitiva, cuasi-agresiva de protección de la prole? Que la autoridad (poca) que últimamente tenemos los maestros de escuela se nos arrebata de un plumazo.
Como maestro puedo decir que si tienes hijos, los profesores de tu hijo están para enseñarle aquello que dice la legislación y:
- no debería ayudarle a sonarse los mocos, atarle los cordones de sus zapatillas, limpiarle el culito cuando va a hacer "caca", eso se enseña en casa;
- no debería cambiarle de ropa cuando se hace sus necesidades encima o se vomita porque tú no puedes dejar "de trabajar" para hacerlo mientras que la maestra sí que puede dejar solos al resto de la clase mientras atiende a tu hijo;
- no debería darle la medicación cuando está malito y le traes al cole porque tú no vas a dejar "de trabajar" mientras que el profe está pendiente de tu hijo (no somos niñeras, somos docentes),
- no debería preocuparse porque ha descendido su rendimiento y además su comportamiento a cambiado, quizás tu hijo está preocupado o triste por algo y tú, como padre, ni te has dado cuenta porque estás demasiado ocupado con tus cosas,
- no debería llamar a casa cuando el niño lleva varios días sin ir a clase porque está malito, eso lo hace porque verdaderamente le preocupan sus alumnos,
- no debería enseñarle a pedir las cosas "por favor" y a decir "gracias", eso se aprende viéndolo en casa,
- no debería decir que el aseo es importante, esto también se ve en casa,
- no debería regañar a sus alumnos por criticar a algún compañero, esto si no lo hicieran los padres los hijos tampoco lo harían,
- tampoco debería decir que hay que comer saludable, de nada sirve si para el recreo lleva "chuches o bollo", porque hacer un sandwich con un zumo o que lleve una pieza de fruta es demasiado trabajo que hacer "con el jaleo de nada más levantarse",
y muchas cosas más que mejor no contar. El profesor lo hace porque posee empatía, porque le interesan sus alumnos y se preocupa por ellos, porque cree que una educación es realmente completa cuando abarca todos los ámbitos de la vida y no tan sólo el académica, y porque con la experiencia vemos que muchos alumnos tienen carencias que solamente el maestro puede llenar (hay padres que creen que dando todos los caprichos a su hijo los están educando bien, y no es así), o muchos otros problemas cuyo relato sobrepasa los límites de este escrito reivindicativo de la figura del maestro.
Que cada palo sostenga su vela. El maestro de tu hijo lo será uno o dos cursos, hijo tuyo será toda la vida. La educación es cosa de todos.