Va a ser que al menos a mí me ocurre, aunque ya cuando uno tiene cierta edad va comprobando que ciertas pesadillas se repiten. Por ejemplo que caemos eternamente; que nos hacemos diminutos; que nos transformamos en cucaracha u otro insecto poco agraciado cual Gregorio Samsa en "La metamorfosis" de Kafka; que tenemos un accidente; que presenciamos algo prohibido; o cientos de miles de situaciones poco realistas pero que en el fondo "dicen" que tiene su significado.
También existen pesadillas post-bula. Parece que cenar en demasía provoca, además de un tremendo malestar estomacal, pesadillas en demasía. Corroboro que aún haciendo todo lo que hay que hacer (dejar pasar un tiempo entre la cena y el irse a dormir y no cenar abundantemente) sigue llegando a la mente malos sueños procedentes de alguna parte del inconsciente. ¿Será cosa de cenar queso o el tomar cafeína por las noches? (Va a ser que también cumplo estos requisitos y da igual).
Lo que ocurre es que de vez en cuando no viene mal una pesadilla, así al menos piensas: ¡Podría tener para hacer un cuento de miedo! Y es que si el mar no te gusta demasiado y sueñas que estás refugiado en un acantilado tras un accidente de barco mientras fuertes vientos azotan tu cara y sube la marea bravamente y ves tu vida peligrar es para que despiertes 15 minutos antes de que suene el despertador y pienses: ¡Joder qué poca imaginación! El Cosca-Concordia se ha hundido, has estado buscando imágenes del dios Neptuno y encima en el libro que leíste antes de acostarte apareció que una de las protagonistas quiere hacer un crucero. ¿Cómo no vas a soñar esto? ¡Y encima en estos 15 minutos que quedan no vas a poder dar otra cabezada! (Que es lo que realmente nos hace polvo).
Para momentos inolvidables ya está mi día a día. Aquí os dejo un vídeo que refleja alguno de ellos.
0 comentarios:
Publicar un comentario en la entrada